lunes, 13 de abril de 2009

LA BALADA DE NARAYAMA (CINE)


LA BALADA DE NARAYAMA
楢山節考
(NARAYAMA BUSHIKO)



Dos aspectos a resaltar de esta adaptación a una vieja leyenda japonesa son por un lado la belleza de la imagen «teatral» en la que el director Kinoshita nos envuelve y por otro lado, la profunda relación del pueblo japonés con su tradición oral como medio de reproducción de valores, sentidos y sensaciones.

Este film es la primera versión cinematográfica (1958) basada en la novela del escritor Fukuzawa Shichirou, sin embargo, la apuesta del director es sumamente sugerente e interesante pues nos presenta un escenario teatral con actuaciones que intentan respetar los dos formatos, en una mixtura experimental por de más motivadora.

La historia que el director comparte con el auditorio es la leyenda 姥捨て山Ubasuteyama que forma parte del imaginario japonés. Es la historia de un pueblo en el cual los ancianos llegados a la edad de 70 años deben ingresar a las profundidades del Monte Nara para dejarse morir de inanición. Cuando le llega el turno a Orin, ella muestra su aceptación a una «costumbre» sin delatar la mínima inconformidad o insatisfacción frente a su hijo y nietos, sino por el contrario los incita a que llegado el momento no se preocupen por su partida.

Sin duda alguna este personaje central en el film intenta resaltar lo que caracteriza a la mujer japonesa, pero al mismo tiempo los elementos que forman parte de su cultura. La entereza de Orin frente a su destino, completamente objetivo y real, nos sugiere la idea de que en el Japón el budismo ha inculcado la noción de la reencarnación en otro elemento de la naturaleza. Por tanto morir es solo marcharse para volver transformado en otro ser.

El Japón es un país en donde sus pobladores se ven amenazados constantemente por los embates de la naturaleza. Los agricultores siempre han tenido que lidiar con lluvias, desbordes fluviales, nieve, tifones, terremotos sin contar a los animales que co-habitan con los hombres y compiten constantemente por los alimentos que les ofrece el medio en el que habitan.

La dureza de la vida o que la vida puede ser dura, forma parte de la historia del Japón dividida por siglos en estamentos donde los agricultores han debido soportar las rivalidades entre clanes guerreros a través de los años. Menciono todo ello porque la cultura oral es muy importante y ha sido el medio por el cual se han trasmitido las ideas y valores hasta la actualidad de las clases menos privilegiadas sobre todo a través de mitos y leyendas. No es casual que los cuentos para niños estén poblados de leñadores, agricultores, zorros, mapaches, liebres, entre otros personajes. Otro punto importante es esos cuentos es que inician la historia frecuentemente con la frase «Hace mucho tiempo atrás vivían muy dentro en las montañas un anciano y una anciana»

No es mi intención formular una apreciación «esencialista» de la cultura, sino destacar cómo se ha ido construyendo a través de diversos elementos constitutivos de la sociedad como las creencias, las pinturas, los cuentos, las artes, etc. No cabe duda que el director en esa misma lógica intenta rescatar elementos que considera fundamentales y que deben ser preservados para las siguientes generaciones. Precisamente la leyenda Ubasuteyama intenta rescatar el valor de la vejez en la medida que acumula experiencias y conocimiento.

De esta manera Orin representa el «envejecimiento» de una generación que estaba preparada para soportar situaciones difíciles y que a pesar de todo ello supieron sacar a su «familia» (metáfora del país) adelante. He llegado a escuchar expresiones como «las mujeres de la era Meiji eran fuertes, sabían criar a sus hijos», es decir, se identifica un período de tiempo a un tipo de actitud de las personas por las situaciones que debieron experimentar.

Se debe tener en cuenta que en la casa de Orin ella es la matriarca, otro punto importante, pues es la que tiene el poder de su hogar. Todos esperan a que ella muera para distribuirse la herencia y mientras esto no suceda son dependientes. Sin embargo, la familia es humilde, no les sobra nada, pero de la «nada» también uno espera «algo» como el nieto Kesakichi.

Orin muestra la solidaridad y empatía cuando entra a su cocina Matayan a «robarle» un poco de arroz para comer. Este anciano es maltratado diariamente por su hijo quien no le acepta que se niegue a subir al Narayama. En esa escena donde le sirve un plato de arroz y se sienta a conversar con él aconsejándolo, es sin duda alguna la muestra de la formación en valores de las que proviene y en las cuales cree sin lugar a dudas esta anciana, se puede percibir en sus palabras y acciones las viejas enseñanzas de Confucio o Koushi (en japonés)孔子que calaron tanto dentro de la sociedad japonesa provenientes de China.

Antes que preocupada por su encuentro con la muerte, anda buscando una nueva esposa para su hijo mayor Tatsuhei, siendo sumamente hospitalaria a la llegada de ésta a su hogar. Una mujer al lado de un hombre, es sinónimo de respaldo, soporte y entrega. Al menos es lo que entiende Orin y es precisamente por ello que desea dejar todo en «orden» antes de partir al monte Nara la fecha que ella misma ha elegido, después de año nuevo, una temporada previa a la fuerte nevada, para que su hijo no corra peligro luego de que deba abandonarla dentro del monte.

Orin vieja por fuera pero fuerte de ánimo y de esperanza es el símbolo del Wabi to Sabi de este film. Su vejez no implica decadencia ni desperdicio, todo lo contario, representa el valor en medio de la pobreza, la bondad en medio de la avaricia, y la entrega incondicional en lo que ella cree correcto. ¿Cuántas madres se intentarían romper los dientes como Orin? Esos resplandores en medio de la precariedad, son los instantes por los que la vida de Orin se engrandece y la hacen iniguable.

Carlos Young

No hay comentarios:

Publicar un comentario