jueves, 23 de abril de 2009

LOS HOMBRES QUE CAMINAN SOBRE LA COLA DEL TIGRE



Los hombres que caminan sobre la cola del tigre
虎の尾を踏む男たち
(TORA NO O WO FUMU OTOKOTACHI)


En este film (1945) nuevamente tenemos la oportunidad de apreciar cómo los directores de esta generación intentan reformular la identidad nacional por medio de los relatos clásicos. En esta oportunidad una pieza del teatro kabuki llamada kanjinchou (la lista de donantes).

A pesar de ser Yoshitune (義経 1159~1189), llamado también Hougan 判官, un personaje sumamente central dentro de la historia del Japón por ser quien derrotara a la familia Taira en una contienda final que devolvería el poder a su clan los Minamoto, se lleva todo el protagonismo en obra de Kurosawa, el monje guerrero Musashibou Benkei 武蔵坊弁慶.

Apreciar la manera cómo el director nos introduce en el Japón del siglo XII, cruzando las montañas junto con este grupo de fieles guerreros a Hougan, compartiendo su camadería, sus temperamentos y la sensibilidad frente al mundo, convierten a esta obra del cine japonés es uno de los horizontes a los cuales apuntarán los de generaciones posteriores.

Kurosawa no duda en escapar de la solemnidad del modelo teatral tradicional para introducir elementos propios y con plena conciencia de querer realizar un cine que produzca además de admiración, emoción en el espectador. Por ello la figura del porteador, el cómico que alivia las escenas más dramáticas, mostrando que en el profundo dolor también puede coexistir la alegría. No olvidemos que es una alegría siempre que escapa sin permitir aferrarnos a ella.

La escena central es la misma que se escenifica en el teatro kabuki. Es la confrontación de un guerrero preparado, leal y astuto frente a otro encargado de salvaguardar una barricada y evitar que el fugitivo Hougan, pueda atravesar el país y escapar de la ira de su hermano Yoritomo, quien se sintió amenazado por la destreza y popularidad de su hermano menor.

Todo el diálogo entre ambos hombres experimentados y astutos está regido bajo un código que va más allá de las formalidades. Por un lado Musashibou, el yamabushi (monje guerrero) y por el otro Togashi, encargado de salvaguardar los intereses del Kamakura bakufu o Kamakura shougun. La admiración de Togashi ante la destreza de Musashibou convierte a toda la obra en un himno a la belleza que infunde un hombre a otro a pesar de los deberes que uno debe cumplir de acuerdo a su función.

Las escenas carentes de diálogo pero llenas de sonoridad y emoción profunda, aquellas que como en el teatro kabuki se encuentran acompañadas de los cantos en los que se narra la historia tanto desde los hechos concretos como también de los sentimientos que los acompañan son los momentos en que siento con mayor fuerza el wabi – sabi. Esa tristeza que no los termina de derrotar, esa pena que deben afrontar pero la sobrellevan con entereza, esa contradicción precisamente convierte las escenas en algo triste y bello al mismo tiempo.

Carlos Young




viernes, 17 de abril de 2009



ALWAYS
続・三丁目の夕日
ZOKU SAN CHOUME NO YUUHI

ZOKU significa continuar en japonés y lo que vemos en este film es el deseo del director YAMAZAKI por continuar con una actitud frente a la vida. ¿Es posible que un director que se ha especializado en efectos especiales pueda contar una historia de la vida cotidiana con toda su cadencia y su aparente monotonía?

El Japón de hoy no es el del ayer, pero sin embargo, en los directores japoneses hay una insistencia en «vivir» el presente sin «olvidar» el pasado. La era Showa 34 (1958) es una época de cambios económicos y sociales en la sociedad japonesa. De asensos y descensos en la escala social. De intentos por cambiar y por mantener valores que se consideran necesarios para sentir que se pertenece a un grupo. La Calle 3 o el «Barrio» quiere representar en «micro» algunos de los cambios que atravesó la población japonesa en el período de la reconstrucción luego de la Segunda Guerra Mundial (IIGM).

Amores prohibidos desde los que surgen en la niñez hasta la vida adulta, la ambición por el dinero y la fortuna como el padre que quiere recuperar a su hijo después de haberlo abandonado en la calle. O como el provinciano que vino con sueños de ser el mejor cocinero pero termina siendo un pandillero, un estafador de mala muerte. Lo moderno y la costumbre se presentan antagónicos por momentos, a veces hasta irreconciliables.

Lo que asombra en el Japón es la forma cómo han interpretado la modernidad sin perder el gusto por una taza de té verde (茶=cha) y la plática pausada. La solidaridad del barrio no cabe duda que se fundamenta en la precariedad, soledad y sufrimiento que la gente adulta de la Calle 3 pero niña o adolescente aún durante la IIGM tuvo que soportar. Todos están en busca de obtener mejores condiciones de vida, es la oportunidad del «gran salto» porque el país está «hirviendo» algunos lo harán despiadadamente, otros intentarán mantener los lazos humanos apostando por lo colectivo, sin dejar atrás a quien parece no valer nada, a los marginales, como el escritor Chagawa Ryunosuke (茶川) o la estriptisera Asaoka Betty (ベティ).

El Barrio de la Calle 3, intenta romper con los prejuicios, tanto dentro de la historia del film como también en la textura de las imágenes que proyecta el director. La realidad y la fantasía se entrecruzan, intentando inventar sueños en la realidad de la vida diaria, o que la vida en su cotidianeidad sea percibida como una posibilidad llena de sueños. El esfuerzo de la producción en la reproducción visual de la ciudad de Tokyo de esos años, la imagen de Godzilla destruyendo todo a su paso y la Torre de Tokyo (東京タワー) como fondo permanente, marcan de alguna manera en imágenes todo aquello que fue importante y cómo se fue transformando con el tiempo.

En este Japón de muchos «rostros» el personaje del propietario del taller Suzuki Norifumi (鈴木則文) aparece como el más entrañable. Con su irritabilidad e ímpetu, pero al mismo tiempo lleno de sentimientos encontrados, confuso e inseguro pero sin dejar de apostar por los demás en la búsqueda de seguir creyendo que la vida debe continuar.

Carlos Young

日本誕生


LOS TRES TESOROS
(日本誕生) Nippon tanjoo = El nacimiento del Japón

Los tres tesoros es un film de un director que se encuentra en la madurez de su vida. Inagaki con 59 años crea la primera «historia fundacional» en imágenes del Japón recogiendo como lo hicieran otros directores de su generación la tradición oral tan enraizada hasta nuestros días en la cultura japonesa.

Las tres horas de duración nos van envolviendo en imágenes que entrelazan dos narraciones en simúltaneo: la más antigua es la mítica en la cual se nos habla de los dos dioses fundadores del Japón Izanagi (hombre) e Inazami (mujer). Ellos mediante su unión son los creadores de todas las islas que existen en el archipiélago y de todos los dioses que las habitan. Dentro de sus hijos más destacados se encontrarán Amaterasu Oomikami (天照大神), la diosa sol, y Susanoo no Mikoto (須佐之男命), el dios del mar. La otra nos «cuenta» lo que sucede en el «presente del film» es la historia de un príncipe impetuoso y leal, que por defender la honra de su padre atacando a su hermano heredero al trono, es enviado a lograr la paz en el todo el país enfrentando grandes retos.

Es sumamente importante en la película el rol que cumple la anciana que peregrina de pueblo en pueblo contando la historia de los dioses. Ella es la tsutaebito (伝え人), la que trasmite de generación en generación la «historia». En un pasaje dice: «Mukashi kara iitsutaezya, kataritsutae no yakumedena = Han sido trasmitidas desde mucho tiempo atrás (los mitos), y mi labor es hablar y trasmitirlas»

Por otro lado el tsutaebito del presente es el propio director Inagaki, quien por medio de las imágenes audiovisuales nos trasmite su interpretación de la «historia» para que no olvidemos en qué valores ha sido construida la sociedad japonesa. Es notable que la palabra se volvió además de auditiva, también visual y se utilizará al máximo su potencial para revivir los principios en los cuales fueron formados los directores de esta generación.

En el film las dos escenas de amor son las que a mi parecer destacan esa «dulce melancolía» propias del concepto estético del wabi to sabi. La primera es cuando el héroe Takeru no Mikoto (日本武尊 ) llega al pueblo de Owari no kuni (尾張の国) y llega a sentirse enamorado de Miyazu Hime (美夜受姫). La princesa (hime) se siente desconcertada y lo expresa así: «Amari shiawase sugite osoroshii = Tanta felicidad me da temor». La otra escena es entre Takeru no Mikoto (日本武尊) y Ototachibana Hime (弟橘姫), cuando en medio de la oscuridad se escucha el sonido de una flauta japonesa. En ese momento Takeru no Mikoto expresa su pesar e incertidumbre «Kanashii shirabeda = Qué triste melodía»

Termino con una de las frases de la anciana, la tsutaebito, al referirse al propósito de todos estos cuentos, relatos o historias: «Kono yoo kanashii kotowa wasurenai tameniwa daredemo tooi mukashi no oorakana hanashi omoidasu no yoizo = Para que nadie olvide este tipo de historias desde mucho tiempo atrás es bueno recordarlas para aliviar así las tristezas del alma»

Carlos Young

lunes, 13 de abril de 2009

LA BALADA DE NARAYAMA (CINE)


LA BALADA DE NARAYAMA
楢山節考
(NARAYAMA BUSHIKO)



Dos aspectos a resaltar de esta adaptación a una vieja leyenda japonesa son por un lado la belleza de la imagen «teatral» en la que el director Kinoshita nos envuelve y por otro lado, la profunda relación del pueblo japonés con su tradición oral como medio de reproducción de valores, sentidos y sensaciones.

Este film es la primera versión cinematográfica (1958) basada en la novela del escritor Fukuzawa Shichirou, sin embargo, la apuesta del director es sumamente sugerente e interesante pues nos presenta un escenario teatral con actuaciones que intentan respetar los dos formatos, en una mixtura experimental por de más motivadora.

La historia que el director comparte con el auditorio es la leyenda 姥捨て山Ubasuteyama que forma parte del imaginario japonés. Es la historia de un pueblo en el cual los ancianos llegados a la edad de 70 años deben ingresar a las profundidades del Monte Nara para dejarse morir de inanición. Cuando le llega el turno a Orin, ella muestra su aceptación a una «costumbre» sin delatar la mínima inconformidad o insatisfacción frente a su hijo y nietos, sino por el contrario los incita a que llegado el momento no se preocupen por su partida.

Sin duda alguna este personaje central en el film intenta resaltar lo que caracteriza a la mujer japonesa, pero al mismo tiempo los elementos que forman parte de su cultura. La entereza de Orin frente a su destino, completamente objetivo y real, nos sugiere la idea de que en el Japón el budismo ha inculcado la noción de la reencarnación en otro elemento de la naturaleza. Por tanto morir es solo marcharse para volver transformado en otro ser.

El Japón es un país en donde sus pobladores se ven amenazados constantemente por los embates de la naturaleza. Los agricultores siempre han tenido que lidiar con lluvias, desbordes fluviales, nieve, tifones, terremotos sin contar a los animales que co-habitan con los hombres y compiten constantemente por los alimentos que les ofrece el medio en el que habitan.

La dureza de la vida o que la vida puede ser dura, forma parte de la historia del Japón dividida por siglos en estamentos donde los agricultores han debido soportar las rivalidades entre clanes guerreros a través de los años. Menciono todo ello porque la cultura oral es muy importante y ha sido el medio por el cual se han trasmitido las ideas y valores hasta la actualidad de las clases menos privilegiadas sobre todo a través de mitos y leyendas. No es casual que los cuentos para niños estén poblados de leñadores, agricultores, zorros, mapaches, liebres, entre otros personajes. Otro punto importante es esos cuentos es que inician la historia frecuentemente con la frase «Hace mucho tiempo atrás vivían muy dentro en las montañas un anciano y una anciana»

No es mi intención formular una apreciación «esencialista» de la cultura, sino destacar cómo se ha ido construyendo a través de diversos elementos constitutivos de la sociedad como las creencias, las pinturas, los cuentos, las artes, etc. No cabe duda que el director en esa misma lógica intenta rescatar elementos que considera fundamentales y que deben ser preservados para las siguientes generaciones. Precisamente la leyenda Ubasuteyama intenta rescatar el valor de la vejez en la medida que acumula experiencias y conocimiento.

De esta manera Orin representa el «envejecimiento» de una generación que estaba preparada para soportar situaciones difíciles y que a pesar de todo ello supieron sacar a su «familia» (metáfora del país) adelante. He llegado a escuchar expresiones como «las mujeres de la era Meiji eran fuertes, sabían criar a sus hijos», es decir, se identifica un período de tiempo a un tipo de actitud de las personas por las situaciones que debieron experimentar.

Se debe tener en cuenta que en la casa de Orin ella es la matriarca, otro punto importante, pues es la que tiene el poder de su hogar. Todos esperan a que ella muera para distribuirse la herencia y mientras esto no suceda son dependientes. Sin embargo, la familia es humilde, no les sobra nada, pero de la «nada» también uno espera «algo» como el nieto Kesakichi.

Orin muestra la solidaridad y empatía cuando entra a su cocina Matayan a «robarle» un poco de arroz para comer. Este anciano es maltratado diariamente por su hijo quien no le acepta que se niegue a subir al Narayama. En esa escena donde le sirve un plato de arroz y se sienta a conversar con él aconsejándolo, es sin duda alguna la muestra de la formación en valores de las que proviene y en las cuales cree sin lugar a dudas esta anciana, se puede percibir en sus palabras y acciones las viejas enseñanzas de Confucio o Koushi (en japonés)孔子que calaron tanto dentro de la sociedad japonesa provenientes de China.

Antes que preocupada por su encuentro con la muerte, anda buscando una nueva esposa para su hijo mayor Tatsuhei, siendo sumamente hospitalaria a la llegada de ésta a su hogar. Una mujer al lado de un hombre, es sinónimo de respaldo, soporte y entrega. Al menos es lo que entiende Orin y es precisamente por ello que desea dejar todo en «orden» antes de partir al monte Nara la fecha que ella misma ha elegido, después de año nuevo, una temporada previa a la fuerte nevada, para que su hijo no corra peligro luego de que deba abandonarla dentro del monte.

Orin vieja por fuera pero fuerte de ánimo y de esperanza es el símbolo del Wabi to Sabi de este film. Su vejez no implica decadencia ni desperdicio, todo lo contario, representa el valor en medio de la pobreza, la bondad en medio de la avaricia, y la entrega incondicional en lo que ella cree correcto. ¿Cuántas madres se intentarían romper los dientes como Orin? Esos resplandores en medio de la precariedad, son los instantes por los que la vida de Orin se engrandece y la hacen iniguable.

Carlos Young